viernes

Cerro.-

Al pié de la montaña, a punto de subirla. La noche, por momentos estrellada, por momentos un manto de nubes, enfría mi nuca. No hay luna. Tampoco hay demasiada luz. Estoy muy abrigada, sobre mi espalda llevo vida para las horas, dias, años que dure el ascenso. Esa montaña, que miré toda mi vida, que nunca creí poder sortear. Hoy estoy lista. Con el corazón remendado en mis manos, con el tuyo entre delicados dedos femeninos, subiré despacio para, tal vez, en la cima, ver el amanecer.-

martes

Regreso.-

Me enorgullece admitir que, finalmente, ¡he vuelto al ruedo! ayer me di cuenta, hablando con Barbi. Tenía tantas cosas que contar. Volvió, a su tiempo, la aventura. Volvieron los mensajitos de texto en el celular, las ganas de verse, las salidas de helado y palabras. Las palabras, mas que nada. Algunos besos, pocos sí, pero suficientes para sentirme mujer nuevamente. Sé que estoy sola, pero más que sola, soltera. Y no me aterra. Una mujer soltera puede llegar a ser una condición muy excitante. Todo pasa por el estado mental en el que se esté. En divertirse sin buscar respuestas. Sin preguntas, tal vez, pero sobretodo sin esa búsqueda, desesperada, de llenarse con algo que es solo menos vacío. El vacío, poco a poco, pasa a un segundo plano. Un poco menos Maitena, y un poco más Carrie Bradshaw.

domingo

Tiempo.-

Me aterra el paso del tiempo. Me aterra el sentir que los días pasan sin más, sin sentido, sin proyecto, como un tren en el que no embarco, como un viaje perdido, como un desesperante suspiro. Me falta el aire, me ahogo, me aterro. Aterrada, me desespero. Lloro, a veces. Otras quedo, inmóvil, esperando, no sé que, simplemente esperando, mientras el tiempo pasa, corre, huye. Como yo, a la espera, corriendo, huyendo. De alguna forma espero una ayuda mágica que me ayude a que todo sea más llevadero. Pero no aparece. Entonces vuelvo, una vez más, a la desesperante espera, inherte, sola, triste.

No es nada más que tiempo.-
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