Triste, aburrida, angustiada, desesperanzada, recurro a recursos que me dañan, yo sé, buscando una respuesta que sé que no llega, que ilusiona con un sonido de regreso, pero que no es mas que una falsa idea que vive como recuerdo. En momentos más intensa, en momentos más apaciguada. El tiempo se hace largo en la espera. El tiempo se hace puñaladas, acelera el sistema nervioso, el pulso tiembla, la mirada fija en un punto inexistente de ideas vacías y cigarrillo en la mano. Sé cuanto necesito llorar en un hombro, no en cualquiera, en el hombro del cual no puedo desprenderme todavía, aunque a veces me engañe diciéndome cuan bien están las cosas, cuanto quiero volver al ruedo, cuán lista estoy para volver a ser quien era. Hoy me confieso, no estoy lista todavía. Me sofocan libros de autoayuda a medio leer y consejos a medio adoptar. Sigo prendida, con garras, a una historia que cursó su fin hace meses. Pero todo recurso es débil cuando una, secretamente a veces, y otras pública, lo es.-
jueves
miércoles
Identidad.-
domingo
Basta.-
Palabras gestándose en mi interior, rasguñan mis entrañas pidiendo salir. Los dedos no alcanzan a escribir, la cabeza no alcanza a pensar, los labios no alcanzan a modular. Se agrupan de forma desesperada en cada salida del organismo, pidiendo clemencia, aire. Quieren ver y ser vistas, frases, palabras, letras enardecidas. Queman adentro, muy adentro, casi afuera, queman mis tejidos y aceleran mi pulso. Historias que no fueron, retazos de historias que han sido, porciones de historias que serán. Las sienes me aprisionan, la locura, la cordura desesperante. Sale un grito, fuerte, como un susurro, explotan las terminaciones nerviosas, los pies se mueven, hay una música adentro que sale para afuera en miles de letras que son un único y desesperante, aterrante, desgarrante alarido. Nuevamente sale, con una sola palabra. Basta, me pide nuevamente. Basta.-
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